
Precisamente porque lo estético se encuentra hoy en todo lo que rodea al sujeto social, la “indignación” sigue siendo un tema prioritario desde la producción cultural. Los acontecimientos que han tenido lugar en nuestras plazas públicas no tienen una única definición, han producido millones de imágenes y han propiciado una actividad creativa capaz de atravesar normas y estilos. Todo este caudal de productividad imposible de capitalizar, constituye una nueva y audaz forma de emisión de conocimiento que, siendo difusa e ilocalizable, resulta ser un cortocircuito en el sistema. Porque la gente ha encontrado su sitio y se ha visto por fin a sí misma.
“La redistribución de lo sensible” (Ranciére), cobra aquí sentido: fuerza a los espectadores a una reflexión sobre su condición de audiencia ya que los interpela de un modo distinto; nos fuerza a revisar los planteamientos culturales y comunicativos vigentes en estos tiempos de crisis económico-social (¡qué distintas se ven ahora ciertas noticias, ciertas inercias!); y nos resitúa ante todo este panorama ofreciéndonos un nuevo instrumental transformador (conceptual y organizativo) en las artes, en la educación, en lo laboral, para con los medios… Se trata de herramientas que toca ahora desarrollar en red, pero sin red de protección y sin perder la calle.
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